En un mundo dominado por el uso de la vista y el lenguaje de las imágenes, pararse a escuchar supone un cambio en el ritmo de vida. Es más, cambiar este ritmo y pararnos a escuchar es imprescindible. A través de la investigación del campo de los sonidos podemos percatarnos de la existencia de alternativas de vida en nuestro entorno.
Al participar en el ecosistema sonoro la persona realiza un viaje en busca de la emoción humana y la irracionalidad. Cierra los ojos y escucha. Esto que se propone no es un espectáculo, sino una vivencia.